Alteraciones visuales tras un daño cerebral adquirido

La presencia de alteraciones visuales es común tras un daño cerebral adquirido. En ocasiones parecen leves, comparadas con otras alteraciones físicas o cognitivas que parecen ser más incapacitantes; y en otras son difíciles de detectar precisamente por esas alteraciones concomitantes.

Alteraciones en la motilidad ocular debido a afectación de los pares craneales (nervios que salen directamente del cerebro y del tallo cerebral y que inervan los músculos de la cara y ojos) aparecen frecuentemente tras un traumatismo craneoencefálico grave.

Estas alteraciones en capacidad para mover los ojos también pueden aparecer tras un ictus o una lesión localizada (tumor) o en otras condiciones neurológicas que afecten al recorrido de estos nervios. Los síntomas más comunes suelen ser visión doble (diplopia) o alteraciones en los campos visuales.

lobulo occipitalLa interrupción del riego sanguíneo, bien sea por un ictus o por parada cardiorrespiratoria, en las zonas cerebrales dedicadas a la visión (lóbulo occipital) puede producir disminución del campo visual (hemianopsia o cuadrantanopsia), llegando a una ceguera cortical si el área afectada es extensa.

La ceguera cortical es una ceguera visual casi completa, aunque se preservan restos de visión primitiva, a través de estructuras subcorticales, mediante las que el paciente puede ver grandes contrastes, luces y movimientos. A menudo va a compañada de falta de conciencia del déficit (anosognosia), parcial o completa, o baja implicación emocional con el mismo (anosodiaforia).

Además, estas alteraciones visuales pueden exarcerbar y dificultar el tratamiento de otros déficit físicos (por no tener feedback visual) o cognitivos (como en la heminegligencia atencional con hemianopsia homónima).

Respecto al tratamiento de estos déficit, cada alteración precisará de un enfoque diferente, atendiendo siempre a las características individuales de cada paciente. La intervención puede emplear rehabilitación visual (movimientos oculares y agudeza), lentes correctoras o prismas visuales y adpatación del resto de terapias para compensar el déficit y conseguir la mayor implicación del paciente y efectividad de la terapia.

Hace unos meses en la Revista Integración de la ONCE, publicaban un artículo relacionado con este tema, donde consideran la perspectiva neuropsicológica de las alteraciones visuales. Podéis leerlo pinchando aquí.

 

 

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